En los últimos 10 años, el empleo informal no ha dejado de crecer lo que representa el principal impedimento para elevar la productividad del país y, con ello, el crecimiento de la economía. La persona o grupo de personas que se autoemplean, en efecto, se ocupan y declaran que están trabajando, esa condición, sin embargo, los limita para acceder a créditos, seguridad social, tecnología y economías de escala para acrecentar la calidad de su trabajo, sus ventas e ingresos. Nuestro gobierno ha mencionado que tenemos la segunda tasa de desempleo más baja de la OCDE sólo por debajo de Japón. El tema es que el 90.3% del PIB de Japón proviene de la economía formal que tiene altos niveles de bancarización, fiscalización y tecnología a su alcance en cambio México, es el caso opuesto, el 54% de la población que trabaja lo hace en la informalidad y representa la generación de tan sólo el 25% del PIB, el 46% restante genera el 74.8% de la riqueza nacional.
Los presidentes Peña Nieto, López Obrador y Sheinbaum atinadamente, obligaron el aumento al salario mínimo que, sin duda, era obligado dado su rezago; de 2012 al 2025 el incremento ha sido del 347%, no obstante, la productividad en el país no ha subido ni de lejos ese porcentaje, lo ha hecho entre el 1% al 3%. Lo anterior, nos dice que hoy, gracias a los gobiernos, los trabajadores ganan más, pero siguen produciendo exactamente lo mismo que hace 13 años. Al sumarle un crecimiento económico anual promedio del 1.47% (tasa anual compuesta) la presión a las empresas para sostener los aumentos a los salarios sin que ello les genere mayor productividad e ingresos es demoledora, ya los últimos 8 años, la economía mexicana crece por debajo del crecimiento de la población. El éxito gubernamental inicial de forzar el incremento al salario mínimo comienza a ser insostenible. En los últimos años lo gobiernos se han orientado al apoyo a la clase trabajadora; la llamada ley silla y la jornada laboral de 40 horas, así como incrementos salariales por decreto son una muestra de ello empero, sino se establecen las bases suficientes y apoyos a los patrones de cualquier tamaño, los costos laborales serán tan altos que producirán el efecto contrario comenzando por la incapacidad de las empresas para crear nuevos puestos de trabajo acrecentando la informalidad que, presupone menos productividad que, resulta en un menor crecimiento económico global dentro de un círculo vicioso que nos condena a futuro.